supermercado con un niño autista
Vida cotidiana

Ir al supermercado con un niño autista. ¡Misión cumplida!

Si pienso en la primera vez que me atreví a ir sola al supermercado con mi hija mayor y hacer la compra semanal, no recuerdo exactamente la edad que tendría, pero sería en torno a los 3 años. Para hacerlo, necesitaba que ya no fuese en carrito para poder ir y volver caminando, poder empujar el carrito del supermercado y el de la compra por la calle y un mínimo de obediencia a las normas para estos sitios: no tocarlo todo con la mano (y eso que aún no sabíamos ni lo que era el gel hidroalcohólico de la pandemia); no echar a correr por los pasillos; no escaparse por la calle por el peligro de los coches. Con el pequeño ¡el autismo no tiene la culpa de todo! Y es que cuando llegó a esa edad comenzó nuestro estado de alarma de 2020, por lo que sí, ya tenía 3 años, no iba en carrito y la obediencia brillaba por su ausencia, pero por la salud global, no podíamos llevar niños de compras y menos a uno que lo tocara todo. No fue hasta este verano, con 4 años y medio, cuando se aunaron ambos requisitos: mayor libertad en medidas de seguridad en las tiendas y un niño que se ha vuelto muy disciplinado.

La importancia de ir al supermercado con un niño autista

En realidad, pongo el ejemplo del supermercado, pero vale para cualquier actividad cotidiana que siempre hayamos desarrollado de forma habitual con otros niños y que tengamos vetados a los TEA. Desde los primeros momentos tras el diagnóstico, quisimos que no se perdiera ninguna oportunidad de aprender o de vivir a causa de la diversidad, si bien hemos tenido que hacer modificaciones y renuncias por el camino. Por ejemplo: no ha ido aún al cine, porque no es capaz de ver nada sentado en casa; pero sí ha viajado con normalidad en tren, barco, avión y coche; ha acudido a fiestas de todo tipo (la cabalgata de reyes de este año ha sido la primera que ha rechazado por el gentío y el ruido). En definitiva, hay pocas cosas que hayamos limitado pero hacer la compra semanal, requiriendo mis 2 manos de adulta para controlar niño, carro, estanterías… ¡se retrasó mucho! Al final, si queremos que sean autónomos y sepan desenvolverse en la vida, tenemos que dar el paso y quizás nos sorprendamos con el buen resultado, o nos arrepintamos del experimento durante algunos meses más.

Primeros intentos: cortitos y controlados

La primera vez que decidí hacer la prueba creo que fue un día a la salida del cole. La idea era conseguir pan y fruta, nada más. Por muy mal que se nos diera, todo eso estaba en la entrada del supermercado: cogería lo imprescindible y echaríamos a correr. Sin embargo, ¡sorpresas te da la vida! Cogió un cestito de estos con ruedas, fue metiendo en él todo lo que yo iba cogiendo, colaboró a la hora de ponerlo en la cinta transportadora de la caja; esperó para pagar; volvimos a casa tranquilamente… ¡Increíble! Cosas que también pasaron: que él quería coger la fruta al peso con sus propias manos (imposible en esta época de virus) y que en la zona de panadería se encaprichó de un donut color rosa, que hubo que comprar. Pero bueno, me parecieron males menores, porque podría haberla liado mucho al no dejarle tocar la fruta y también haberse encaprichado de 40 dulces distintos, así es que ni tan mal el primer intento.

Compras largas con niños TEA: cuestiones por resolver

Desde entonces, casi todas las semanas, y a veces varios días en la misma, vamos al supermercado, a la farmacia, a la tienda de la esquina, etc. Comprende muy bien las normas, jamás se ha visto molesto por la cantidad de gente, la longitud de la cola o el rato que estemos comprando (siendo la compra semanal, como mucho tardamos una hora en todo el proceso). No ha corrido por los pasillos, ni tirado cosas, ni reclamado imposibles, ni organizado “espectáculos”. Además de ser un experto manejando su cestito de compra, también lo es empujando el carrito por la calle ¡por mucho que pese! No quiere ayuda ni con los escalones porque está metido en su papel de niño mayor y responsable. ¿Qué nos queda entonces por mejorar? ¡El tema del premio por venir a comprar! Desde aquel primer donut rosa del primer día de compras, cada vez que entramos en una tienda suele reclamar desde el inicio el donut, la chuchería, los gusanitos, las patatas, lo que sea que le entre por el ojo. Sí es capaz de elegir solo un artículo y de esperarse a la salida para comérselo, para esto no pone problemas, pero ¡no hay manera de que haga la compra a cambio de nada! A veces, cuando hay fresas, que lo vuelven loco, he intentado negociar una caja de fresas a cambio de la chuchería, pero ¡acabamos comprando las dos!

No me importa comprarle el antojo, la verdad, pero es cierto que si siempre quiere este tipo de cosas, o me planto o no podré traerlo de compras a diario, porque se le va a desequilibrar su precaria dieta con tanta golosina extra. Además, como tiene esta facilidad para crearse sus propias reglas, que luego cuesta tanto romper, ya me he ido mentalizando para el primer día en que diga que no le compraré la chuchería. ¡Ya veremos cómo solucionamos esta parte! Pero lo principal hoy es saber que sí podemos ir al supermercado sin percances.

¿Qué tal llevan los vuestros las compras u otras actividades cotidianas?

2 Comments

  • Lau

    Mi hija que cumple 3 años a finales de abril y que también por la pandemia casi no ha pisado un supermercado, entiende que ir al supermercado implica un premio Pero todavía no ha desarrollado la paciencia para aguantar bien la cola y antes de llegar ya se ha ventilado el premio Mi hija también es de toquetear la fruta Creo que es importante intentar, dentro de lo posible, ir exponiéndoles progresivamente a situaciones cotidianas. Muchas veces lo pasamos peor nosotros pensando en todas las catástrofes que pueden pasar que ellos

  • Marta

    Yo llevo siempre a mi peque de tres años al supermercado. Reconozco que hasta hace unos meses era estresante y que no podía perderlo de vista ni medio segundo. Tenía que perseguirlo por los pasillos, vigilar que no se fuera con extraños, que no tocase ni tirase nada… Y de pronto un día dejó de hacer todo eso y me empezó a ayudar a hacer la compra. Ahora ya vamos tranquilos, empuja la cesta o el carro, me ayuda a llenarlo, me ayuda a poner las cosas en caja… Lo único que no aguanta aún es el tiempo que tardo en meter las cosas en las bolsas. Pero se porta mejor que algunos niños sin TEA.

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