Salir de paseo con un niño autista. ¡El desafío!
Vida cotidiana

Salir de paseo con un niño autista. ¡El desafío!

Me pasa mucho esto de quejarme de algo en Instagram y que la cortedad en el número de caracteres me deje con ganas de ahondar en lo que suponen realmente algunos de los desafíos que afrontamos las familias de niños TEA. A la larga, todos queremos creer que las rachas más complejas pasarán, que son fases como las de cualquier otro niño, aunque con más enjundia, y que al crecer algunos aspectos de las rutinas se simplificarán, tendremos un alivio, nos surgirán nuevos desafíos… En definitiva, lo que viene siendo criar a un niño sin tener ni idea de la progresión que tendrá. Hasta los 3 años, salir a la calle con mi hijo era relativamente sencillo, sobre todo porque aún se dejaba llevar en la sillita de paseo y, si bien quería caminar y correr a lo loco durante algunos tramos, la silla era nuestra muleta en casos de negativas a caminar, revolcones por el suelo, enfados y cansancios variados. Pero tras el inicio de la pandemia y los primeros meses de confinamiento, se negó a volver al carrito al pisar de nuevo la calle. Ya tenemos una hija mayor, y somos conscientes de la paciencia que hay que tener para llegar a tiempo a tus citas si quieres que tu hijo te acompañe caminando, pero ¡esto es otro nivel!

Las palomas eran nuestras aliadas

Le encantaban en aquellos primeros meses y si volaban hacia la dirección en la que queríamos avanzar ¡el niño iba a la velocidad de la luz! Eso sí, como alguna se tirara en plan kamikaze contra la carretera, el niño iría detrás. Y cuando volaban en dirección opuesta a la nuestra ¡horror! Quizás tuviéramos que dar el paseo por acabado y llevarlo en brazos, algo que sigue pasando y que cada vez es más complicado por los 19 kilazos que se gasta el pimpollo a sus 4 años. Nosotros sufrimos con el peso y nos podemos aguantar, pero, por ejemplo, los abuelos no pueden bregar con él si no quiere caminar voluntariamente, por lo que los apoyos del entorno se empiezan a resentir a medida que el niño crece.

Un medio de transporte alternativo: el patinete

Esta maravilla se nos ocurrió por casualidad y durante casi un año ha sido nuestro principal truco para controlar al niño en la calle. Con 3 años, aún no cogía mucha velocidad, y era factible darle margen de carrera y alcanzarlo con un trote ligero. Pero desde que cumplió los 4 años ¡tierra, trágame! Salimos con el patinete igualmente a todas partes, desde el camino diario al colegio, al médico o a comprar pero ¡ay, como le dé por meter la quinta marcha! Yo no lo hubiera pillado ni en mis años mozos, con lo cual ahora me cuesta la vida, y las abuelas empiezan a tener pánico de si el niño se les escapa a ese ritmo estando a solas con ellas. Total, que cuanto mayor es, menos libertad podemos darle, porque en un abrir y cerrar de ojos se te tira a la carretera, se te aleja decenas de metros, y si le da por querer ir en otra dirección ¡eso no lo arreglan ya ni las palomas! Abandona el transporte y te ves cargando con el patinete, con el niño y con todo lo que tuvieras entre manos, a fin de que ningún ser humano ni objeto domiciliado en tu casa sufra un atropello.

Salir de paseo con un niño autista: ignorando el peligro

Mi criatura es muy consciente de algunas situaciones que pondrían en riesgo su integridad física como manipular enchufes, tocar el fuego de la cocina o el horno, saltar desde alturas exageradas (para él, más de 1,30 sobre el duelo, porque desde ahí aún salta y logra caer con una agilidad inusitada para el tipín que tiene). Pero la calle es un descontrol y el tráfico le parece algo apasionante a la par que un imán atrayente del que no desconfía nada. Como en esto no tengo margen para experimentos, porque no me puedo arriesgar a comprobar si el niño pararía de verdad en un paso de cebra, en un bordillo, etc. hago todo lo posible para fijarme en las normas que comprende, y por ahora no son muchas. Ante los semáforos en rojo, para, pero desconfiamos de que de pronto tenga un arrebato y de se tire a la calzada en el último momento. El resto de la normativa vial no existe para él y la cercanía de autobuses, camiones, furgonetas o coches no le dicen nada. Solo esas motos sin silenciador que son tan escandalosas le hacen ser un poco más, prudente por el susto que nos llevamos todo bicho viviente al escucharlas explotar. Pero por lo demás, es un estrés constante pasear con un niño autista cerca de una carretera. En zonas peatonales la cosa se relaja un poco, pero tampoco demasiado, porque es experto en atropellar a otras personas con el patinete, obstaculizar a los adultos que pasan en bicicleta a toda velocidad, se pone delante de los coches que tienen autorización para circular dentro de estas calles (despacito, por suerte), así es que en esta familia no recordamos cuándo fue la última salida en paz y armonía. Hasta el punto de que su hermana suele pedir ir sola con alguno de nosotros, o que la dejemos con los abuelos sin su hermano, porque quiere vivir un poco más calmada, aunque solo sea de higos a brevas. 


En fin, aventurillas de andar por casa que, si bien no presentan una gravedad épica, sumadas una a una hacen que el día a día se convierta en una carrera de obstáculos infinita cuando situaciones sencillas como estas se complican un pelín y se van encadenando una tras otra. No, la paciencia no siempre nos llega hasta la última hora de la noche y por eso los padres de los niños con autismo vivimos con un estrés y una ansiedad constantes, que tratamos de sobrellevar, aunque cuando miramos hacia el futuro creemos que nos acompañará toda la vida. ¿Qué tal gestionáis las salidas de casa con vuestros peques? ¿Han pasado por edades peores que otras?

5 Comments

  • Paola

    El mío tiene dos años y medio,lo llevamos en silla porque es imposible caminar normal con él,cuando lo soltamos es igual corre en plan kamicace y lo mismo que dices la carretera le chifla y miedo cero, en el parque no sabe estar sin correr descontroladamente y más de una vez algún susto hemos llevado con las bicicletas porque no intuye peligro,los abuelos le tienen pánico a salir con él porque no te puedes distraer ni un segundo, de momento bendita silla….Para encima en casa si que ahora ya entiende alguna cosita muy simple pero fuera es como si los estímulos del exterior lo volviesen totalmente salvaje,Buff a pedir paciencia

  • Marta en Bulgaria

    Excepto por la parte del patinete, IGUAL por aquí!
    Las palomas, madre mía qué pasión por los dichosos pajarracos. Grita «Paloma, corre!» y sale disparado detrás de esas ratas aladas.
    Debo llevarle muy bien sujeto, porque puede correr directo hacia los coches con solo ver una paloma en la calzada.
    Hay que estar en alerta permanente, no sé cómo lo haré cuando sea más alto que yo…

  • CRISTINA

    Si yo leyera esto a alguien de mi entorno más cercano sin decir que es un post de @mihijocontea, creerían q lo escribí yo!.
    Las palomas, el patinete q pasó de ser un salvavidas a un peligro absoluto, ignorar el peligro del trafico…
    En mi caso, añadiría el interés de mi hijo hacia los autobuses, q tenemos q esperar quietecitos desde q ve uno en el horizonte hasta q llega a nosotros para decirles adiós a cada uno… lo q alarga mucho mas el paseo.

  • Veronica

    Amén hermana!!! Yo tengo dos hijos, al peque lo llevo en el carro todavía y al de 4 años que es el que tiene TEA, de la mano. Y jamás se me ocurriría soltarle la mano porque paloma que pasa, para allá que se va, o cualquier cosa que le llame la atención retrocede o avanza a velocidades que al igual lo atrapo. Si, hay días que no quiero salir de casa porque los paseos me estresan muchísimo, vivir en alerta constante y pensando que es cuestión de tiempo que algo le pase en la calle.

  • Laura

    Jaime tiene 2 años recién cumplidos, los paseos son más bien «carreras», mi hijo no anda, literalmente corre, desde que aprendió a ponerse en pie. En su caso, ni palomas, ni autobuses, ni nada…solo correr y las escaleras y las cuestas, son su pasión, por dónde pasemos que haya escaleras y cuestas, puede pasar subiendo y bajando y corriendo las cuestas, hasta que lo paro y hago por cambiarle la rutina. También le encanta ir pasando por los pies de los árboles, metiéndose dentro del cerco que rodea la árbol en los paseos. Aprovechamos sus carreras para enseñarle a parar al grito de «adiós Jaime» y la mayoría de las veces para, mira de reojo y se vuelve a por nosotros, pero no te puedes fiar porque en ocasiones su carrera no cesa y no hay «adiós» que le frene. La silla hace mucho que la paseamos por gusto. Ánimo a todas, os entiendo muy bien y gracias por compartir vuestras experiencias.

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