Niños autistas que caminan de puntillas
Diagnóstico

Niños autistas que caminan de puntillas

Nuestra primera psicóloga, vivía en un sinvivir tremendo con mi hijo por los problemas derivados de la lactancia y el autismo, de la supuesta genética autista del padre de mis criaturas y de no ver progresos más allá del lenguaje verbal y el contacto ocular. Para acabar de rematarla, mi hijo resultó tener una leve afición a mostrarse como uno de esos niños autistas que caminan de puntillas y, en su caso, también giraba los pies hacia adentro. Cada semana me hacía una nueva crítica al respecto: que si esa forma de caminar no podía ser normal; que si era torpe de movimientos; que si todos los zapatos con los que acudía a sus citas eran inapropiados (incluso lo llevé descalzo durante el verano y tampoco le pareció bien); que si nadie nos había alertado acerca de esa forma de caminar. En fin, que con su gusto por inmiscuirse en parcelas profesionales ajenas, acabó por generarnos una nueva preocupación acerca del físico del niño. No es que nos obsesionásemos con el asunto, pero ya que debíamos peregrinar por diferentes especialistas en los siguientes meses, aprovechamos para consultarles sobre el tema y resultó que el niño hacía cosas estándar, de niños de su edad, ni más ni menos y, en cualquier caso no tenía relación con el autismo.

El pediatra y los niños autistas que caminan de puntillas

La primera prueba la tuvimos en la revisión de los 2 años, justo cuando ya habíamos obtenido el diagnóstico en firme de autismo. El pediatra siempre ha mirado la forma en la que los niños caminan por la consulta, se sientan y apoyan los pies. Procuré no decirle nada hasta que hubiera acabado su valoración, pero al final le interrogué acerca de la tendencia de los niños autistas que camina de puntillas y, concretamente, de que el mío lo haga y además se le girasen los pies hacia el interior de la pierna en un ángulo que parecía poco saludable. El hombre le quitó todo el hierro al asunto porque, según él, hasta los 3 años cada niño va perdiendo esa tendencia a caminar de puntillas a su propio ritmo, y lo mismo ocurre con la intrarrotación del pie, que suele solucionarse sin mayores quebraderos de cabeza. Además, quedaba claro que el niño no se veía limitado en sus movimientos por esta forma de caminar, ya que corría que se las pelaba, trepaba a todos los muebles y no se caía más que cualquier otro de su edad. Así es que como en esta casa somos muy de mantener la calma, allá que nos dispusimos a ignorar las palabras de la psicóloga durante casi un año más.

Los neuropediatras y la forma de caminar

El niño ha sido valorado hasta ahora varias veces en dos neuropediatras diferentes. En la exploración física ninguna ha visto nada relevante ni relacionado con el diagnóstico de TEA. Al observarlo caminar, les hacíamos notar que lo mismo iba de puntillas que alternaba con el apoyo completo del pie. En casa, sí notábamos que apoyaba más las puntas cuando tenía prisa, o estaba emocionado, como si quisiera imprimir velocidad a sus movimientos. Tampoco lo valoraron especialmente y si bien consideraron la conveniencia de vigilarlo y tenerlo en cuenta por si era algo que no se modificaba con el tiempo, nos hicieron saber que a primera vista no lo veían como un signo vinculado al autismo.

¿Por qué hay niños autistas que caminan de puntillas? 

Una de las neuropediatras nos dijo que suele ser por una cuestión sensorial: porque no les gusta el contacto con el calcetín, la dureza del zapato. El problema de mantener esta forma de caminar, una vez descartado que no haya problemas reales de tipo traumatológico, ni enfermedades neurológicas que influyan en el apoyo del pie, es que la extremidad está en constante tensión, lo que provoca cansancio y también perjudica el equilibrio del propio niño, que no puede moverse de la forma estable en que lo haría si apoyase el pie completo al caminar. Hasta los 3 años, en realidad no se puede realizar una valoración certera, porque muchos niños caminan de esta forma hasta que no han desarrollado por completo su musculatura. A partir de esta edad se pueden realizar estudios, en función de la afectación del niño, sobre todo si le supone un problema para su movilidad. Incluso en estos casos, el 80% de los niños habrán dejado de caminar de puntillas a los 10 años, sean normotípicos o neuroatípicos.

Algo que nos dejaron claro es que a diferencia de lo que se hacía antiguamente, ni en el caso de los niños pequeños que caminan de puntillas, ni en aquellos como el mío que presentan intrarrotación del pie, es conveniente tratar de corregirlo mediante el uso de zapatos ortopédicos o de plantillas especiales. A nosotros nos han recomendado dejarlo crecer con libertad y permitir su propio desarrollo, que ha acabado con ambos problemas a los 3 años y medio. De hecho ¡ahora me da la sensación de que el niño tuviera los pies planos por completo! Por la forma tan brusca en la que se apoya contra el suelo en cada zancada. 

En definitiva, esto de ir de puntillas es otro de esos tópicos populares respecto al TEA en el que muchos profesionales (nuestra antigua psicóloga entre ellos) quieren hacer encajar a la fuerza a todos los niños del espectro, sin importarles su edad ni la maduración personal. ¿Habéis tenido algún problema físico relacionado con la forma de caminar de los niños autistas? ¿Os recomendaron darles tiempo o actuar con rapidez?

One Comment

  • Alberto Fernandez Zapata

    Nosotros nunca le dimos importancia, tampoco sus terapeutas/pediatras. A día de hoy, con 7 años recién cumplidos, continua haciéndolos, mayoritariamente cuando existe excitación o con algún que otro calzado. Excepto porque el segundo dedo de ambos pies ha quedado un poco «espachurrado», no hay nada más allá, una estereotipia más.
    Saludos

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