Juegos de interacción básica para niños con TEA

Juegos de interacción básica para niños con TEA

Si algo nos ha quedado claro desde aquellos primeros marcadores del espectro autista en mi bebé, es que desde el diagnóstico, casi todos los movimientos que hacemos a su alrededor cada día están pensados de antemano para que sean efectivos, para que le supongan un beneficio y desarrolle esas habilidades que otros niños aprenden de forma innata y en el mío deben ser dirigidas. La primera recomendación de las poquísimas que nos han hecho en las sesiones de atención temprana durante estos meses, iban dirigidas al uso de juegos de interacción básica para niños con TEA. Ya veréis que los que hemos estado usando no son nada del otro mundo, que muchos los habréis hecho con vuestros hijos normotípicos sin saber el motivo exacto de su utilidad, simplemente por diversión, por tener un rato entretenido con vuestros pimpollos, por la cercanía con ellos y todo lo que conlleva el juego infantil de forma habitual. En el caso de niños dentro del espectro autista, estos juegos les harán aceptar a las personas de su entorno, acostumbrarse al contacto físico con otros humanos, empezar a compartir experiencias, disfrutar de la compañía de otros niños y adultos… En definitiva, son las primeras mimbres para trabajar sus habilidades sociales desde muy, muy pequeños.

Juegos de falda

Nuestra psicóloga del CDIAP nos tuvo 6 meses encasillados en esta fase, cuando obviamente el niño en casa jugaba a muchas cosas más. Los juegos de falda son los de toda la vida, en los que te sientas al niño en las rodillas y buscas su mirada, mueves las piernas cambiando de ritmo para que se ría, para que disfrute de las sensaciones de movimiento, de la vibración. Son por ejemplo los de la musiquilla de “Mi niño fue a Madrid… al paso, al paso, al paso” haciendo como que el niño va subido en un caballito que cada vez corre más. Este le encantaba a mi mochuelo y tras muchos meses de usarlo hicimos un cambio apasionante: dejarle caer de espaldas sobre las piernas estiradas, como si estuviera en un banco de abdominales inclinado. También el de “Misito, gatito”, con el riesgo de que me arranque las gafas y me arañe toda la cara a lo bruto, pero en poco tiempo ya quería ser él quien dirigiera las caricias y quien me hiciera el juego a mí. Hay niños que no aceptan bien los cambios y se acostumbran a juegos muy rutinarios. A nosotros nos tienen dicho que lo importante es que jueguen, que compartamos tiempo juntos, y la introducción o no de variaciones ya se verán con el tiempo. Los resultados de estos juegos no son instantáneos de un día para otro, pero en el caso de mi mochuelo, en unos 3-4 meses tras empezar a hacerlos fue evolucionando a más velocidad.

Juegos con las manos

“Los 5 lobitos”, por ejemplo, o “Este puso un huevo” pasando de un dedo a otro de la mano hasta tocarlos y estirarlos todos para acabar en un final explosivo. Al mío nos ha costado muchísimo que le guste este juego ¡con lo que le apasionaba a la hermana! Le empezó a coger afición cuando descubrió que lo pensaba acabar en cosquillas ¡entonces sí! Es una manera de que se familiaricen al menos con sus manos y los deditos, para que sean conscientes de que ellos y nosotros tenemos este cuerpo, de que usen sus manos, jueguen con ellas… Chocar una mano, la otra, jugar a hacer palmitas, hacer como que los dedos son hormiguitas que recorren su cuerpo, o un camino en una mesa…

Juegos de desaparecer

El cucutrás ha sido su pasión desde que era súper bebé. Empezamos ocultándonos detrás de un cojín, después detrás de nuestras propias manos, o usando un pañuelo, o un papel ¡lo que fuera! Todas las variantes de este juego de interacción básica para niños con TEA le parecían bien, y aprendió muy deprisa a hacerlo él mismo, mucho antes incluso de que le diagnosticaran el retraso en el habla a los 18 meses. Cuando el juego se nos hace pesado a nosotros, porque a él le sigue gustando, intentamos cambiar al escondite ¡y qué deprisa lo entendió! En el fondo es la misma mecánica que la del cucutrás, pero para niños que ya caminan y se mueven a su antojo, porque no deja de ser un juego en el que desaparecemos de su vista para volver a aparecer. A lo tonto, el pilla pilla también se sumó a estos primeros juegos de interacción básica para niños con TEA, porque el puñetero corría tanto cuando era su turno que desaparecía de nuestra vista, y cuando íbamos a pillarlo exclamaba ¡Ta! Lo mismo que al final del cucutrás. Con esta afición por las cosas que aparecen y desaparecen, su hermana tuvo la genial idea de desvirtuar el juego para darnos sustos. O sea, esconderse de su vista y de repente ¡buuuhhhh! Aparecer de la nada para matarlo de un infarto. En contra de todo pronóstico, a mi mochuelo le encantó el cambio, y ahora vamos dando sustos a diestro y siniestro, en casa y por la calle.

Patrones repetitivos y anticipación

Cuando empezamos con juegos nuevos, a mi mochuelo le dan confianza los patrones repetitivos, para ser capaz de imaginar qué es lo que vendrá después. Por ejemplo: si antes de tumbarlo y hacerle muchas cosquillas yo cuento hasta 3, él sabe que al llegar a ese número será cuando me abalance sobre él para tocarlo, lo que le hace disfrutar incluso durante la cuenta atrás. En casa solemos contar hasta 3 para un millón de cosas, porque así él intenta decir incluso este número y tiene claro que es justo en ese momento cuando lo que sea que esté esperando va a ocurrir. También vale para juegos de levantarlo en volandas, de hacer carreras, de esperar turnos, hasta que no se dice el 3, suele esperar con paciencia y estar a la expectativa.

Dame y toma

El intercambio de juguetes, de piezas, es básico para que aprendan a compartir su tiempo con otras personas y aunque parezca increíble para los normotípicos ¡es todo un reto para los niños con TEA! Que el mío, con 2 años y medio, te de una pelota, o te recoja algo del suelo y te lo traiga cuando se lo has pedido es casi imposible. Alguna vez se han alineado los astros y se ha obrado el milagro, pero no es lo habitual. Por eso, vienen bien los juegos para fomentar este intercambio: pasarse una pelota diciéndole “toma” y pidiéndole “dame” cuando queramos que nos la devuelva. Lo mismo se puede hacer con globos, con bloques de construcción, con lápices de colores, con las piezas de un puzzle, al recoger el lavavajillas, con las pinzas de la ropa (es que el mío es muy de tareas domésticas por encima de los juguetes). En definitiva, favorecer el intercambio con esas palabras básicas en la comunicación para que vaya interiorizando el patrón y aprenda a imitarlo con el tiempo.

¿Fácil, verdad? Es lo que tiene la estimulación de un bebé detectado siendo tan pequeño, que con pautas muy sencillas se pueden lograr grandes avances, si encuentras a quien te guíe y te dé las instrucciones correctas. En el próximo capítulo de nuestro aprendizaje, creo que os contaré los trucos que nos han dado para favorecer el que saquen el dedito y señale. ¡Nuestro gran desafío!

Deja un comentario y comparte tu experiencia

A %d blogueros les gusta esto: