Mi hijo odia la consulta del CDIAP. ¿Y ahora qué?

hijo odia la consulta del CDIAP

Se nos está complicando el panorama por momentos. Tras la revisión pediátrica de los 18 meses y el retraso en el habla del niño, la pediatra sustituta nos derivó al CDIAP, donde nos dijeron que el peque podría tener varios marcadores propios del espectro autista, y que si bien un diagnóstico de autismo en firme no podríamos tenerlo hasta los 5-6 años (en un principio, porque a los 2 años ya lo teníamos asentado), la atención temprana no le haría mal en caso de no tener dificultades comunicativas, pero sería muy beneficiosa si finalmente se confirmaban estos indicios. Así es que como padres responsables que haríamos lo que fuera por facilitarle la existencia a mis criaturas, porque la vida ya es difícil por sí misma y no es cuestión de cargarles con otra losa si se la podemos aligerar, empezamos a peregrinar semanalmente a la consulta de la psicóloga. A los 2 meses, ya me planteé si aquello no sería una pérdida de tiempo, puesto que todos, todos, todos los días jugaba con los mismos 4 juguetes y no se nos hacían indicaciones para actuar nosotros en casa durante el resto de la semana. Pero bueno, él iba. Tocaba los juguetes, interactuaba como podía y al menos podía lucir sus habilidades un rato, pero al tercer mes todo se torció. Creo de verdad que mi hijo odia la consulta del CDIAP, o a la psicóloga, o a ambos y ahora sí es un sufrimiento para él acudir a este lugar.

1. Pero ¿es para tanto?

A ver, de vida o muerte no será, pero a sus 2 años, el niño no ha llorado ni rechazado otro lugar del mundo, ni a otras personas, como lo hace con la psicóloga. Ni siquiera a la enfermera que le hace daño con las vacunas la trata así de mal. En cuanto llegamos al centro, sí se muestra predispuesto a bajarse del carrito, a jugar con otros niños de la sala de espera… Pero en cuanto aparece la psicóloga en escena, se da la vuelta para tratar de huir a la calle. No quiere ir a la consulta, donde lo tengo que meter en brazos, y en cuanto lo suelto en el suelo, se tira contra el pomo de la puerta para recorrer el pasillo en sentido a la salida. Allí se queda tranquilo y me espera, pero claro, esto no es plan. Si lo volvemos a meter en la consulta y obstaculizamos la puerta, simplemente entra en un bucle de llanto, se me pega como como una lapa lactante a la teta, cosa que no le gusta nada a la psicóloga, y no hay forma humana de que se le olvide el disgusto, de que mire los juegos, y mucho menos a la profesional.

2. Consultas en el parque y en casa

La primera vez que el niño se llevó tremendo disgusto, la psicóloga propuso salir a la calle, ir a un parque cercano y tratar de observarlo en un entorno más normal. ¡Perfecto! El niño corría feliz por la calle; al principio se negaba a darle la mano a ella, pero a los 30 metros ya confió más; subió a un columpio, al tobogán, persiguió una paloma, nos señaló los árboles, los perros que ladraban, las nubes del cielo, y hasta completó mi serie de números al empujarlo cuando le decía: 1,2 ¡y té! Que es su 3 mejor pronunciado. Entonces empezaron las averiguaciones acerca de si el niño está normalmente mejor en la calle que en casa: mire, pues no. Al niño le encanta el callejeo porque tiene todo el mundo por descubrir, pero en casa está la mar de feliz y no llora de esta manera ni por motivos desconocidos. Pero ni en casa, ni en las casas ajenas, ni en hoteles, ni en tiendas, ni en el ciento y la madre de sitios que ha visitado desde que nació. De ahí que sospeche que mi hijo odia la consulta del CDIAP. La psicóloga propuso hacernos una visita domiciliaria, para ver si en casa podía evaluarlo en otro ambiente, porque por lo visto el cambio radical al pasar de la consulta al parque no le pareció suficiente. Y claro ¡que se venga a casa! Tras la navidad supuestamente se nos iba a plantar aquí. Lo teníamos todo planeando para que el padre hiciera lo posible por estar presente, porque a veces creo que esta mujer nos tiene ojeriza, y o yo soy una madre cegada del todo, o es que al niño hay algo en ella que no le gusta. Que ya pudiera ser, porque su hermana a su edad tenía una lista larguísima de personas a las que detestaba, y este aún no se había pronunciado en contra de nadie. Mala suerte que tenga que ser precisamente la mujer que le iba a solucionar la vida. Pues 7 meses después ¡seguimos esperando que venga a casa!

3. Si tu hijo odia la consulta del CDIAP ¿la atención temprana sigue siendo inofensiva?

Ahora estamos en un punto de indecisión máxima porque ¿es necesario hacerlo pasar por esos 45 minutos de calvario semanal? ¿Qué beneficio obtenemos al ir a un lugar en el que exclusivamente llora y lucha por huir? Claramente, ese no es su comportamiento diario ni en su entorno habitual. No pueden valorar nada, no pueden interactuar con él, no hay juegos, sólo llantos, miradas de incomprensión, manotazos a la psicóloga, a quien incluso escupe, cosa que no hace con nadie más. Se suponía que las sesiones iban a ser respetuosas y no invasivas, pero ante este cambio de comportamiento son un drama semanal. A veces creo que se siente encerrado, porque aquella consulta lo mismo podría ser de estimulación temprana que de un inspector de hacienda. No hay nada atractivo para los niños excepto los 4 juguetes que saca. Es un cuchitril diminuto, con apenas un metro de suelo para jugar casi entre las patas de la silla y del escritorio.

¿Os habéis tenido que plantear alguna vez el fin de algún tipo de terapia por incompatibilidad con el profesional asignado?

8 comentarios en “Mi hijo odia la consulta del CDIAP. ¿Y ahora qué?

  • Roberto

    Nosotros pasamos por una experiencia similar con nuestro hijo. Pésimos profesionales, desorientación y el sitio donde está el CDIAP que nos tocaba el peor posible. Llevábamos al niño a un cajón sin ventanas, durante 45 mins, con una señora que se limitaba a «mirarlo» y decirnos, «nos vemos la próxima semana». Ni siquiera tuvieron la desencia de darnos un diagnóstico, nos decían todo el rato: hay que esperar, tiene un trastorno del desarrollo pero es todo lo que podemos decir.

    Al final, investigando y preguntando llegamos a un sitio privado. No podemos estar más contentos con los profesionales de este sitio ni con el progreso de nuestro peque. Y el sitio lleno y no dan a basto, lo que demuestra el desastre que son los CDIAP. Lo peor de todo: nosotros estuvimos inconformes y buscamos una alternativa que por suerte podemos pagar, qué pasa con los padres que no pueden? El CDIAP lo pagamos entre todos, tendría que ser la vanguardia y no la retaguardia. Los centros privados deberían existir para complementar y apoyar a los públicos, no para suplantarlos.

    • mihijocontea

      Pienso exactamente lo mismo. Que parece que fuesen gratis y nos cuesta un dinero que es un desperdicio porque las terapias son inexistentes, las cita de risa (a nosotros nos corresponden 40 minutos a la semana y casi ningún mes va las 4 semanas porque la terapeuta tiene otros compromisos). Cero orientación para los padres, cero información sobre trámites, ayudas, etc. Y encima le comento lo que estamos trabajando por nuestra cuenta y me dice que como se entere de que vamos a un centro privado ¡nos quita la plaza pública! Eso sí, me consta que no todos los centros públicos de atención temprana son igual, porque conozco a familias felices con sus terapeutas, que además se implican cuando llevan a los niños a profesionales privados y les ayudan a trabajar todos en la misma dirección. Eso en nuestro caso es imposible. Ya sólo cuento las horas para que nos den el famoso informe que necesitamos para la valoración de la discapacidad y la dependencia y poder huir para siempre.

      • mihijocontea

        Había leído este artículo y lo que me parece aún más increíble es que esté escrito desde hace 5 años y que la situación siga igual de lamentable.

  • Desirée García Mellado

    El problema de todo esto, es q los CDIAP están a petar!!! Y claro hay 50 niños para cada terapeuta y eso es fatal!!! Hay falta de recursos y con los recortes peor todavía!! Y un niño con TEA no puedes hacerle un seguimiento como ellos proponen..es q vas y te dá la sensación de perdida de tiempo!!! No hay ayudas y las q dan por la discapacidad son de pena!! O te puedes costear una buena intervención o estas perdido!!! Estamos a años luz de otros paises!!! Y cuidado con lo privado xq hay mucho negocio montado a través de todo esto. A las familias no nos queda otra que ir a asociaciones, formarse, aprender todo sobre el TEA para poder sacar adelante a tu hijo. Y no te digo nada cuando llegueis al csmij..peor… Un abrazo Lucía.

    • mihijocontea

      Sí, eso me consta, pero además de la lista de espera, cuando por fin te asignan una terapeuta que no te orienta absolutamente en nada… Que si las familias estuvieran haciendo cola delante del centro saldría a decirles: no esperen más, porque cuando les toque el turno van a seguir perdiendo el tiempo igualmente. Casi preferíría que me me hubieran dicho desde el principio que la única intervención válida tendría que ser privada y a partir de ahí echarnos a llorar o hacer el esfuerzo económico posible. Pero hemos perdido meses (y otras familias años) por lo mal que asesoran y el pésimo servicio que dan. Uy el CSMIJ ¡miedo me da de lo que me van contando!

  • La verdad es que no se que decir porque mi hijo no tiene este problema…pero después de leer tu post me he quedado con un mal rollo. No es justo que se le haga pasar a un peque por ese calvario yo (desde mi ignorancia al repecto pero como madre) estaría igual de preocupada y enfadada porque lo que no puede ser es que vayamos a ver a “profesionales” que son unos indeptos. ¿A que niño no le gusta ir al parque y estar ahí jugando? Un abrazo y mucho ánimo

    • mihijocontea

      ¡Eso es! Hemos empezado a hacer terapia en un centro privado y es feliz desde el primer minuto siendo aún un lugar desconocido con gente desconocida. Pero es injusto tener que pagar tanto de nuestro bolsillo cuando se supone que el mismo servicio existe de forma pública, pero está gestionado de la peor manera posible.

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