Los hermanos de un niño autista. ¿Los mejores terapeutas?

hermanos de un niño autista

Durante 2 años, incluso durante un poco más, me quejé bastante del poco caso que se prestaban mis hijos. No es que hubiésemos tenido un segundo bebé sólo para que sirviera de entretenimiento a la mayor, pero tampoco nos imaginábamos que el grado de desinterés por ambas partes fuese a llegar a este punto. Y no, el autismo no tiene la culpa de todo, porque se han unido un niño con TEA que muestra un interés menor de lo habitual por otras personas (niños y mayores), con dificultades tanto para expresarse como para entender mensajes sencillos, con una hermana que está en el polo opuesto y que es una marisabidilla de 5 años que actúa como si tuviera 11. Por este motivo, su diferencia de edad de 3 años fue insalvable a lo largo de los primeros meses de vida del bebé. De hecho, curiosamente el pequeño la buscaba más a ella que a nosotros, pero no recibía el mismo interés de vuelta. Cuando el niño cumplió 2 años, no es que se obrase un cambio radical en ambos de la noche a la mañana, pero cada vez han sido mayores los ratos de juego juntos. Al verlos compartir el día a día, me he convencido de que los hermanos de un niño autista son los mejores terapeutas ¡sin duda! Incluso mejores que los padres, aunque debamos guiarles un poco para que aprovechen los beneficios de su relación al máximo.

El contacto físico deseado

Es cierto que mi hijo no ha rehuido nunca el contacto con otras personas: es cariñoso, le gusta que le abracen, que lo besen, se derrite si le das masajes, si lo acaricias, si lo peinas, si le das achuchones apretados… Creo que los hermanos de un niño autista colaboran positivamente para que los pequeños asimilen estas conductas como normales, porque si me fijo en mi hija ¡qué meneos le da! Entre intentar llevarlo en brazos de un sitios a otro (que casi no puede, porque pesa más de la mitad de ella), darle la mano para guiarlo dentro y fuera de casa, hacerle perrerías jugando como cubrirle la cabeza con lo primero que pilla, además de los empujones, manotazos y demás conductas menos cariñosas que se reparten mutuamente cuando se tensa la situación entre ellos. En definitiva, que un hermano es un campo de prácticas perfecto para saber qué se pueden encontrar en la calle. Amor y odio a ratos y a partes iguales.

Hermanos psicólogos, logopedas, terapeutas ¡y lo que haga falta!

Teniendo en cuenta que mi hija es el colmo del desapego y del ir por libre, entiendo que el resto de hermanos de un niño autista siempre serán al menos tan buenos o mejores que ella en este aspecto. Cuando cumplió 5 años, y el pequeño iba llegando a los 2, empezó a cansarse de que no hablara y de que siguiera siendo un simple bebé. Ella no sabe nada sobre el autismo, porque lo único que nota en su hermano es que está tardando en hablar, que a veces parece sordo, y que no suele obedecer a la primera. Pero incluso preguntándole abiertamente por las diferencias que nota entre él y otros niños de su edad, ella no ve grandes abismos. Por eso, hemos decidido hacerla experta maestra en estos ámbitos en los que sabe que su hermano necesita ayuda. Por ahora, le decimos que no hace estas cosas porque es pequeño y que ella como hermana mayor puede enseñarle muchas habilidades. Al principio no se lo creía, pero a medida que ha ido viendo cómo ha aprendido nuevas palabras, cómo participa más en sus juegos, cómo pueden compartir largos ratos juntos jugando a diferentes cosas, se ha convencido y podemos escucharla vocalizando nuevas palabras muy despacio para que el pequeño las aprenda, enseñándole fotos en libros, haciendo el intento de contarle cuentos (aún está en una fase muy inicial de la lectura, pero lo que ella no sabe se lo inventa y para el otro es como si fuera una narración), construyendo con bloques de construcción o jugando al pilla pilla y al escondite dando carreras por toda la casa. ¡Efectivamente! Todas estas pequeñas cosas, además de ser muy beneficiosas para ambos, nos deja valiosos minutos libres a los padres para descansar un poco de la terapia y dedicarnos a otros ámbitos como las tareas domésticas. ¡No hay manera de parar!

Testigos y defensores. Los hermanos de un niño autista

Por la escasa diferencia de edad, mis hijos van a compartir muchas situaciones a lo largo de su vida: la vida en el parque, el colegio, las fiestas infantiles… Hace unos meses, la mayor se reveló como una importante fuente de información respecto a lo que su hermano aún no es capaz de comunicar. Si estaban solos en el salón y él se hacía daño de alguna manera, ella nos contaba cómo había sido el accidente, dónde se había dado… Es una especie de espía del pequeño además de su máxima defensora: le explica a los desconocidos su versión de por qué su hermano no habla; intercede entre él y otros niños ajenos; incluso lo defiende de nosotros, de nuestras regañinas… Es como llevar un apoyo, una sombra que cuida que él, cuando lo necesita, y cuando no también.

En el momento en que decidimos tener más hijos sólo pensábamos en la soledad del hijo único, en la diversión de tener un hermano para compartir juegos, en la riqueza de compartir toda una vida juntos. Al principio, casi podría decir que lo buscábamos más por los beneficios para nuestra hija mayor, que era la única que estaba en nuestras vidas entonces y a quien queríamos dar la oportunidad de vivir esta experiencia. Sin embargo, con el diagnóstico de TEA del pequeño, la historia fraternal ha dado un giro radical. Aún así, la presencia del uno y del otro nos parece lo mejor del mundo para ellos y para nosotros. Pero es cierto que sus vidas no se están desarrollando en la dirección que habíamos imaginado y sin embargo nos dan lecciones a cada paso.

¿Qué tal es la relación de vuestros peques autistas con sus hermanos? ¿Y de los hermanos con ellos?

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