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El faro de las orcas. Cambiar toda tu vida por el autismo

Hoy me despediré del blog por la cercanía de la navidad y dejo de lado los libros sobre autismo, o con protagonistas novelescos autistas, y os traigo una película. Más ligera, más rápida de ver y en la que jamás hubiera reparado si el autismo no fuera el gran protagonista de este film. Alguien me la recomendó muy al principio de empezar a escribir en este blog y justo hace unas semanas la rescaté del listado de recursos que me estoy haciendo sobre TEA y la descubrí en el catálogo de Netflix España. El faro de las orcas es una película corta, de poco más de hora y media, que narra la decisión de una madre española que tras observar a su hijo autista de unos 5 años emocionarse al ver un documental de orcas en la televisión, se traslada a vivir a un punto remoto de La Patagonia argentina, donde un experto en estos animales se dedica a cuidar del entorno salvaje y a la observación del comportamiento de las orcas en libertad. Todos debemos remodelar nuestros esquemas de crianza al recibir un diagnóstico de autismo pero ¿hasta qué punto serías capaz de cambiar toda tu vida por el autismo a fin de proveer a tu hijo de una oportunidad de terapia así?

No te sientas mal, El faro de las orcas es sólo ficción

Por supuesto que las familias normales tenemos más obligaciones en la vida y no podemos cerrar la puerta de casa y huir al otro confín del mundo, donde Tristán, el niño protagonista, tiene algunos avances. Su padre los había abandonado al recibir el diagnóstico del niño y el argumento sigue el hilo de las famosas terapias con delfines, o con otros animales, según las cuales los niños autistas tienen una sensibilidad especial para comunicarse con estas especies, mientras que la comunicación humana les resulta exasperante y muy estresante. En un entorno natural, viviendo exclusivamente con su madre y con el estudioso de las orcas, sin escuela, con todo el día libre, sin presiones sociales, con su recién descubierto interés por las orcas, etc. Tristán vive una situación idílica para su aprendizaje. Situación que, por desgracia, no es la habitual para quienes vivimos en una sociedad estresante y sometidos a normas y ritmos que no cuadran con las necesidades de los niños con algún tipo de diversidad.

¿Cómo es este niño con TEA?

Como diría nuestra antigua psicóloga “¡Qué pena! Con lo guapo que es y mira cómo esta por dentro!” Y es que en El faro de las orcas, Tristán, a sus 5 años, es un niño completamente no verbal, y su madre es culpada constantemente de seguir sobreprotegiéndolo y evitando que se enfrente a los desafíos de la vida cotidiana. Ella le evita los lugares jaleosos, las fiestas, las relaciones con otros niños, porque ya ha experimentado lo que ocurre en estas situaciones. Es un niño que vive completamente “desconectado” y son frecuentes los planos en los que los adultos hablan mientras el niño está de pie mirando a una pared sin ningún otro propósito. Sólo muestra signos de preocuparse por la interacción con el biólogo cuando este le lleva a hacer actividades que impliquen a las orcas, momentos en los que Tristán imita y hace todo lo que se espera de él. También tiene crisis causadas por el exceso de estímulos sensoriales en las que se revuelca por el suelo, dejando patentes sus diferencias de cara al resto de la gente, que suele mirarlo con una mezcla de lástima y de acusación por no entender este comportamiento en un niño “aparentemente normal”.

¿Una nueva familia y un final feliz?

Después de haber perdido a su padre por no haber podido hacerse cargo de las peculiaridades del autismo, Tristán tiene la tremenda suerte de encontrar en Roberto un nuevo padre inesperado. Con una paciencia infinita, que le provee de una calma desconocida, debido a su estilo de vida despreocupado y sin presiones, y que le acerca a las orcas, que es lo que más feliz hace al niño. No os voy a contar el final de la película, porque aunque lo que nos interese sea el tratamiento del autismo en ella, si podéis disfrutar de una historia amena, mejor para todos. En cualquier caso, la representación me parece bastante realista ya que los avances en Tristán no son desorbitados sino muy, muy comedidos: tolerancia mayor al ruido, a la presencia de multitudes, imitación espontánea, pequeñas parcelas de autonomía.

No es una película increíble ni presenta a un niño con un cambio radical de la noche a la mañana. Por eso, por los pequeños avances que consigue, me parece tan verdadera. Seguro que a ojos de una familia que no conviva con la neurodiversidad, el niño les parecerá más o menos igual que al principio, pero su nueva relajación, la aceptación del entorno desconocido y el despertar de nuevos intereses, tienen un precio tremendo e inalcanzable para las familias normales. ¿La habéis visto? ¿Os resultó útil o no? Si tenéis otras recomendaciones para aprovechar los ratos de desconexión navideños de forma provechosa ¡compartidlas! ¡Felices fiestas y que el 2021 nos devuelva a todos la ilusión!

2 Comments

  • Pablo

    Gracias. Y disculpa por no habértelas dado antes, en cada artículo que has escrito he encontrado ideas que yo solamente no hubiera llegado a poner en práctica. Mi hija tiene además la misma edad que el tuyo. Tu blog es muy útil para familias que no sabemos movernos con tanta intensidad y acierto como el que demuestras. Un abrazo!

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