engaño de la Ley de dependencia
Ayudas

El engaño de la Ley de dependencia (III). Lo mejor para tu hijo es no recibir ayuda

Que solicitar la Ley de dependencia para un niño con autismo sería casi una misión imposible empecé a asumirlo antes de empezar todo el proceso de papeleo y desgaste mental que implica esta gestión. Que los plazos serían largos, que tratarían de ofrecernos lo menos posible, que el plan individualizado tendría muchas carencias, porque no es una ayuda pensada para niños con necesidades especiales, sino para ancianos con dependencia de tipo físico principalmente, también lo comprendí. Pero lo que no me esperé nunca es que casi un año después de iniciados los trámites, y de haber aceptado básicamente la única opción que ellos nos han propuesto para poder dar algún tipo de soporte a mi hijo, me llamaran para decir que habían pensado que lo mejor para él era que no nos ofrecieran apoyo ninguno. ¿Cómo se te queda el cuerpo al descubrir que actualmente el engaño de la Ley de dependencia es tan tremendo? Pues con ganas de cerrarle el chiringuito administrativo a cualquiera, claro. Os voy a contar cómo comenzó el asombroso proceso que nos ha llevado a nuestra situación actual, en la que ya no esperamos ni dinero, ni ayuda en casa, ni nada.

Buenos días, te llamo para que firmes el PIA de tu hijo

Como os comenté en posts anteriores, nosotros entregamos toda la documentación para solicitar la ley de dependencia en mayo de 2019. En el mes de julio vinieron a casa a hacer su valoración. En agosto recibimos la carta en la que le reconocían el grado II de dependencia. En noviembre tuvimos la cita con la trabajadora social, que nos explicó las escasas opciones para un niño tan pequeño y, ante ella, ya dejé firmado el PIA de mi hijo: solicitar sólo la mitad de la ayuda económica que le correspondía por su grado de dependencia, a cambio de recibir 12 horas de ayuda doméstica en casa cada mes, y 3 horas de una ayuda personal para el niño. ¿Lo elegí yo? No, pero como conozco a familias que llevan más de año y medio esperando una ayuda económica que puede que nunca llegue (porque no se paga con efecto retroactivo y porque cuando al fin se materializa el primer pago, puedes tener una nueva valoración que te deje sin nada), cualquier cosa me parecía mejor que el dinero. Con lo que mi hijo rompe, ensucia y desordena, una persona que nos pudiera ayudar con la limpieza de casa sería una bendición. Y eso dejé firmado en noviembre.

En febrero: Te llamo para que firmes el PIA de tu hijo

¡Otra vez! A ver, estos errores pueden ocurrir, pero se suponía que en febrero ya deberíamos contar con esa persona que nos iba a ayudar en casa, puesto que una de las ventajas de renunciar a un dinero que tardaría 2 años en llegar, o que no llegaría nunca, era que el cambio por la ayuda personal podría materializarse en 2-3 meses como mucho, porque era un servicio que dependía del ayuntamiento. Así es que al recibir esta llamada, me mosqueé un poco, les confirmé que todo eso que me estaba explicando yo ya lo había firmado. La trabajadora social me dijo que si no volvía a llamarme sería porque todo estaba bien y que habría sido un despiste por su parte. Y no volvió a llamar, así es que asumí que el proceso iba para adelante. 

En marzo, el engaño de la Ley de dependencia

Así, nos metimos en el mes de marzo y justo cuando más desbordados estábamos, en pleno Estado de alarma por el coronavirus, confinados en casa, teletrabajando ambos y con los 2 niños enclaustrados, recibo una nueva llamada para informarme de que el servicio de personal de ayuda doméstica del ayuntamiento está funcionando realmente mal. Que las personas que tienen contratadas generan quejas constantemente, no tienen ningún tipo de formación para ese trabajo (limpiar), ni de seriedad, que las familias están muy descontentas, por lo que se les está alargando la lista de espera: no pueden dar el servicio a nuevas familias hasta que no encuentren a personal para cubrir a las familias que ya contaban con el servicio y que, por la incompetencia del personal, se han quedado de repente sin él. Además, viendo las deficiencias en las contrataciones, el ayuntamiento no propone contratar a personal más cualificado, no. Lo que nos piden es que renunciemos a esa parte de ayuda que nos corresponde. O sea, el engaño de la Ley de dependencia es que nos hicieron cambiar la mitad de la partida presupuestaria por ayuda doméstica, bajo la premisa de que en realidad ese dinero no llegaríamos a verlo nunca. Y ahora, como el servicio que dan es pésimo, creen que lo mejor es volver a pedir la ayuda económica íntegra. ¿Porque me la van a pagar completa y rápidamente? ¡No! Porque así me quedaré sin ayuda y sin dinero, pero no me daré cuenta hasta dentro de un año, y luego ya atenderán mis quejas.

Lo mejor para tu hijo es no recibir ayuda

Como no daba crédito a estos argumentos, les dije que por muy malo que fuera el personal de limpieza ¡que me lo mandasen! Que ya lo orientaríamos de alguna manera, o le enseñaríamos a barrer si era necesario, pero que no queríamos prescindir de él en favor del dinero. Y al no aceptar la propuesta ¡el acabose! La trabajadora social me informó de que teniendo en cuenta las peculiaridades de mi hijo (retahíla de tópicos sobre el autismo, claro) no sería buena idea meter en casa a una persona sin formación, que no tuviese tacto con el niño, a la que él extrañase, que rompiera su rutina, que fuera un elemento perturbador para él, y si encima había que cambiar de persona a los pocos días porque no nos funcionaba ¡qué trauma sería para el niño! Así es que le dejé claro que mi hijo no era “ese tipo de autista”: que ni extraña, si tiene rigideces insalvables, ni le molesta la gente nueva o vieja en casa, y además ¡que estábamos hablando de personal para la limpieza! Que no iba a cuidar del niño ni a encarrilarlo en la vida.

Se hizo un silencio en el que llegué a pensar que le quitarían al niño el grado de dependencia de repente, por no ser un autista de manual y, sobre todo, por tener a una madre que quería ayuda en casa a toda costa. Así es que finalmente así quedamos, con el mismo PIA que firmamos en noviembre pero avisada de nuevo de que la ayuda tardaría en llegar largos meses. O sea, igual que al principio pero con un intento muy sospechoso de cambio de planes por el camino. En fin ¿qué me quedará que vivir aún con esta ayuda? ¿Os ha pasado algo similar durante vuestra espera?

4 Comments

  • Carolir

    Hola, a mi me acaba de llegar la primera carta, grado 1 , que me parece de vergüenza, mi hijo lleva pañal, no habla, se comunica muy básicamente, perareve increíble que me concedan ese grado, para colmo con la que hay liadps con el coronavirus, a ver cómo se reclama, mi hijo aún no tiene 3 años.

    • Mapi

      Yo tengo un niño con tea, nuestra ayuda tardo 1 año en llegar, pero ya nos habian avisado q seria este el plazo, nosotros pedimos ayuda econimica para terapias y de momento todo correcto.

  • Alberto

    En nuestro caso se decidió por parte de los evaluadores que no había otra forma de ayudar que la económica y que nosotros nos apañaramos…(pueblo pequeño con escasos recursos). Así fue, y en poco menos de dos años empezamos a cobrarlo, de momento sin otro cambio.

    A la amiga CAROLIR, parece escaso esa valoración… Es tan subjetivo eso…

  • Erika

    A LU CI NAN TE
    Hubiera quedad mejor decir que hasta que no se acabe el estado de alarma no pueden seguir con el proceso o qué sé yo…

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