Cuánto cuesta un niño con autismo
Vida cotidiana

¿Cuánto cuesta un niño con autismo? Volumen II. ¡Y sumando!

Cuando escribí aquella primera experiencia acerca de los gastos que conlleva el autismo, no en terapias ni demás cosas importantes vinculadas al trastorno, sino en roturas y descalabros cotidianos variados, me quedé muy a gusto y comprobé que otras familias también andaban haciendo cuentas con sus criaturas TEA. De aquellos asuntillos aún tenemos importantes coletazos: si bien la obsesión por los grifos ha parado (¡yujuuuu!), otros se mantienen estables aunque con variaciones: las ventanas son una tentación, pero se contiene la mayoría de las veces para no lanzar nada; y el derroche de cosmética ¡eso sigue ampliándose! Ahora ha descubierto los desodorantes masculinos en spray y voy a obligar a su padre a pasarse al stick, porque de una pulsación es capaz de vaciar un frasco entero. Pero en el capítulo de hoy acerca de cuánto cuesta un niño con autismo en la convivencia diaria, traigo una selección más costosa. ¡Tiremos la casa por la ventana!

¡Estrenamos aire acondicionado!

¿Por qué? ¿Porque el verano en España es caluroso y a todos nos gusta tener un poco de fresco al estar en casa? ¡No! Porque mi hijo con TEA tuvo a bien destruir el anterior. En el fondo, es un destrozo que pudiera haber hecho cualquier otro niño, porque simplemente dejó caer una pieza con imán de un puzzle de construcción a través de la rejilla del compresor y esta quedó atascada entre las aspas que, al ir chocando contra el cuerpo extraño sin que nos diéramos cuenta durante un par de horas, acabó por hacer que se salieran las aspas y que tras consultar con 4 empresas, incluyendo la marca oficial, fuera humanamente imposible encontrar un recambio por la antigüedad del aparato. En fin, aire acondicionado nuevo para sumar a la listita de gastos. ¿Cuántas veces le habíamos repetido que ahí no se toca, que ahí no se mete nada? Infinitas. ¿Que otro niño podría haber obrado igual? Supongo que sí, pero como ya es habitual echarle la culpa de todo al autismo, lo añadiremos a la lista.

¿Recordáis la obsesión con golpear la pantalla de la tele? ¡Pues ya la rompió!

Justo cuando parecía que esta fijación iba desapareciendo, que la tele pasaba desapercibida y que apenas le prestaba atención con malas intenciones, una mañana la encendí y allí estaba: una franja vertical de unos 10 centímetros de anchura que cruzaba toda la pantalla. Si se hubiera quedado “solo” en eso, hubiéramos seguido viendo la imagen por los alrededores. El problema es que la franja, que aparentaba estar fundida y de color negro la mayor parte del tiempo, de repente empezaba a parpadear con claras intenciones de producirnos un ataque epiléptico a todos. Y con los confinamientos aún a la orden del día, no podíamos estar sin distracciones televisivas en casa. Así es que corrimos a comprar la más barata que encontramos y que desde entonces parece respetar muchísimo. Igual el accidente le ha servido de aprendizaje. 

¿Que me cierran las ventanas con llave? ¡Pues la emprendo con las persianas!

3 persianas rotas llevamos en los últimos meses. No sé si existirá la profesión de persianero, pero al mío le apasiona ser el encargado de subir y bajar este invento. El problema es que acata la orden pero, en cuanto la ha cumplido, se lía a subir y a bajar a su aire, las veces que quiera y el exceso de uso se ha llevado ya 3 por delante, Por ahora, nos resistimos al cambio, pero ya nos ha quedado claro que será otro de los apuntes para la lista de gastos TEA. 

Alternar en la calle con un niño autista. ¿Qué presupuesto tienes?

Pedir un plato de macarrones en un restaurante y que lo revolee antes de que el camarero lo deje en la mesa; comprar un helado mientras vamos de paseo y estamparlo en el suelo antes de haberlo pagado; ofrecerle un zumo por el calor y que vacíe el bote completo mientras tú aún estás cerrando la cremallera del bolso… La chica de la heladería casi le hace una agresiva terapia de choque preguntándole a voz en grito “¿Por qué? ¿Por qué has hecho eso?”. Y eso que no lo iba a tener que pagar ella. Todas estas cosas las hace en casa también, incluso con lo que más le gusta. Si lanzara el plato de brócoli, que antes amaba y ahora aborrece, casi lo podría entender. Pero que lo haga con las pocas comidas que le gustan y, lo peor, que al minuto siguiente te pida sus macarrones/helado/zumo, porque en realidad sí lo quiere… ¡Ay! Cuesta mucho comprenderlo. Aunque ya estemos escarmentados y podamos predecir la mayoría de estos arrebatos, algunos nos siguen pillando desprevenidos.

En fin, he hecho una selección muy, muy corta de los mayores gastos extra que tenemos con el niño mientras esperamos pacientemente a que esta sea otra de esas etapas que, con mayor o menor esfuerzo, acaben por pasar de largo para devolvernos un poco de paz mental y dejar de arremeter contra las finanzas familiares.

¿Cuál es el mayor gasto de este estilo que tienes con tu peque? ¿Es un comportamiento reciente o llevas ya demasiado tiempo bregando con la situación?

5 Comments

  • Luisa

    No me puedo sentir más identificada con tu entrada en el blog.
    Mi hijo hace esas mismas cosas, le da golpes a la tele ( afortunadamente todavía no la ha roto), las persianas es pasión por ellas, y además le regaño y el granujilla se ríe, tiene pasión por encender y apagar la luz y por supuesto por abrir y cerrar todas las puertas de la casa, también cuando salimos a comer o tomar un helado por ahí es una aventura, a veces se toma su helado y otras veces se dedica a hacer “Picassos” con su helado sobre la mesa, su cuerpo, su ropa, la comida que un día es su favorita al siguiente no la quiere… Nadie ajeno sabe el dineral que nos supone todo esto al mes, pero al menos me siento acompañada cuando leo que los demás papis pasáis por cosas similares. Un saludo

  • JOHANA

    Tirar los juguetes por la ventana del colegio, o tirar los muñeco de super héroe que tiene, pensar que no le dé a alguien en la cabeza y que e tenido suerte por los momentos

  • Laura

    A mi hijo le gusta tocar la TV pero no la ha roto, por ahora. Ha empezado a jugar con el interruptor de la luz que hay junto a su cama y lo hemos cambiado por una tapa ciega para no tener que cortar la luz cuando le acostamos. La tablet y el móvil de papá ya los ha reventado, le gusta ponerlos en el suelo y verlos mientras corre por al lado o por encima (literalmente lo de «encima») y ha aprendido a lanzar las cosas no hace mucho y en el concepto de «cosas» entra todo, ya sea más frágil o menos…así que, si, esperamos gastos varios en adelante, como con cualquier niño, tal vez, solo que en el caso de los nuestros con autismo, no es algo que se corrige y aprenden que no se hace. Animo a todos!

  • Josefina Lopez

    Hola, pues la verdad que no me había parado a pensar en este tema, pero si empiezo a hacer cuentas la lista puede ser larga.
    En lo que respecta a la tecnología, la tele por ahora no la ha roto, pero sus golpes ya se ha llevado. Lo que sí que se ha cargado ha sido el portátil de mi marido y dos pantallas de móvil. También le gusta engañarse con los libros, primero los adora y luego los destroza. La terraza del aire acondicionado se la tenemos vetada, por lo mismo, su obsesión de meter por la rejilla todo lo que encuentra. Ha arrancado una puerta de un armario de la cocina, el frontal de un cajón, vasos de cristal por darles un manotazo porque sí… Bueno, mejor paro aquí. Habrá que tener mucha paciencia. Mi hijo está a punto de cumplir cuatro años y albergo la esperanza de que poco a poco vaya madurando y mejore en algunos aspectos de su conducta.

  • Marta

    Nosotros también sufrimos por la tele aunque de momento no la ha roto. Sí ha roto algunos juguetes aunque cada vez se controla más. También ha roto o pintado alguno de sus libros. La vajilla de momento resiste aunque nos hemos llevado algún susto.
    Si salimos a la calle y tira la comida al suelo sabe que se queda sin ella, así que intenta ir con cuidado en ese sentido. A veces me siento muy cruel pero el no férreo es lo que nos funciona en este caso para que aprenda la consecuencia de tirar la comida. Hay que hacer frente a la consecuente rabieta, claro.
    De momento los que se llevan la peor parte son los gatos. Le encanta jugar con ellos y no es capaz de gestionar sus emociones así que les acaba haciendo daño de verdad. Por suerte son gatos adultos, están curtidos y se defienden.
    En fin, ya veremos lo que depara el futuro. De momento tiene dos años largos.

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