Audiometría y autismo. El niño no es sordo pero ¿lo parece?

Audiometría y autismo

No hacía ni 4 meses de la última audiometría de mi hijo cuando hemos tenido que pasar por una segunda. Su historial acerca de una posible sordera se inició ya en el parto, cuando nos dieron el alta sin haber superado la prueba de hipoacusia que se realiza a los recién nacidos con uno de sus oído. Nadie nos dijo que esto es bastante frecuente, y más en los niños prematuros, así es que nos pasamos un mes sufriendo en casa y pensando que era sordo. Os lo conté en mi otro blog, así es que os lo enlazo directamente para no redundar en este tema. Cuando empezamos con las sesiones de atención temprana en el CDIAP, la psicóloga nos contó las ventajas de conocer los resultados de una audiometría y autismo, porque a pesar de que nadie hubiera sospechado nunca que el niño pudiese no oír correctamente, era más fácil descartar algún tipo de problema físico que estuviera impidiendo su desarrollo normal del habla, que empezar con terapias para despertar su intención comunicativa. Nos contaron historias acerca de niños que no habían empezado a hablar porque tenían otitis frecuentes, un tapón de cera, una malformación en el interior del oído, una mala transferencia de la onda sonora… Aquella primera audiometría fue en febrero de 2019 y se saldó con el diagnóstico de que mi hijo escuchaba divinamente. Llevamos los resultados al CDIAP, al médico de cabecera ¿y cómo hemos llegado hasta la repetición de la prueba?

Audiometría y autismo porque el niño no habla

Curiosamente, tras pasar la primera prueba de audición, reflejaron en el informe que si bien todo parecía dentro de la normalidad, hay que tener en cuenta que la audiometría infantil se basa en la observación del niño, por lo que es una prueba muy subjetiva. Además, no se había podido realizar la timpanometría, por estar el niño llorando y resfriado, con lo cual, al usar la sonda el tímpano permanecía estático, aunque esto es algo bastante frecuente entre niños pequeños. Sin embargo, nuestro pediatra no se quedó satisfecho con el informe, y decidió derivar al niño, su audiometría y autismo, al otorrinolaringólogo de nuestro hospital. Un mes después teníamos cita, pero al vernos aparecer en la consulta, ese hombre dijo que él no estaba preparado para evaluar a un niño tan pequeño (casi 2 años recién cumplidos) y aunque a simple vista no le parecía sordo, nos iba a mandar a la unidad de Foniatría y audición del Hospital Vall d’Hebron, porque según él, tenían una unidad pediátrica muy especializada en estos temas. Con lo cual, si ellos descartaban problemas de audición ya nos podríamos quedar tranquilos. Sobre todo, me advirtió de que no contara allí que ya había superado una audiometría previamente, para que no diesen nada por sentado y realizasen todas las pruebas pertinentes.

La supuesta unidad especializada en niños

Ay, yo me esperaba un espacio modernísimo, con cantidad de aparatos molones, pero lo que vimos en el Vall d’Hebron fue exactamente lo mismo que tenían en el gabinete de audiometrías del CDIAP: una máquina con un par de peluches a izquierda y derecha, que se movían para atraer la atención del niño, y unos pitidos que se lanzaban con una máquina a la espera de ver en mi hijo alguna reacción que denotara que lo había escuchado. Si bien la experta dijo que con escuchar por encima de los 35 decibelios se consideraba que la audición estaba dentro de lo normal, bajó los límites hasta los 20, y ahí dejó de hacer pruebas, porque según sus palabras textuales “este niño oye de coña”. A continuación, intentó hacer la timpanometría pero tampoco pudo. Niño quejoso, otra vez con mucosidad y cuando al fin se dejó, el tímpano seguía inmóvil. De nuevo obtuve la misma explicación: esto es muy frecuente en niños tan pequeños y no hay que comprobar nada más.

De la prueba de potenciales evocados, que debería realizarse con sedación, ni hablar. No porque como madre sea una prueba que me dé reparos, que también, sino porque el niño es autista y puede que parezca sordo, pero no lo está ni por casualidad. En el fondo, al haber fallado ya 2 veces con la prueba del tímpano, me queda la duda de si es algo que puede estar interfiriendo, no ya en el hecho de que hable poco para su edad, sino en que las pocas palabras que va a prendiendo y verbalizando las pronuncie de manera bastante deficiente. Pero nadie más parece darle importancia.

Es frecuente que los padres piensen que sus hijos con TEA sean sordos. Mi hija, cuando se cansa de llamar al pequeño y ver que este la ignora de manera continuada, siempre acaba gritando “¡Es que está sordo! ¡No me hace caso!”. Nosotros nunca sospechamos de esa sordera y está visto que por ahora, parece que teníamos razón. ¿Habéis vivido estos episodios con vuestros peques con TEA?

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